Ser caribeño se lleva en la sangre, no se aprende
Indudablemente vivir en algún lugar e interactuar con su cultura enriquece a quien a tiene la oportunidad de hacerlo. Es posible que con una experiencia así se vayan adquiriendo rasgos y hasta actitudes que caracterizan a los nativos de ese territorio, pero, ¿es posible que alguien se convierta en "caribeño"?.
Realmente no puedo imaginar a un europeo o a un norteamericano llamándose caribeño y sin ir tan lejos, podríamos pensar en un centroamericano o un suramericano autodescribiéndose como caribeño, la respuesta es no. La alegría, la espontaneidad, el ritmo, el color, el caos, el sincretismo innato... no se aprenden, tampoco se adoptan, se pueden compartir, es verdad, pero nunca adquirir por completo.
En conclusión, aquellos que sueñan con formar parte de esta maravillosa cultura deben asumir que de su estadía en El Caribe sólo les quedará una experiencia de vida, porque esas características que enamoran a los turistas y amantes de la diversidad son única y exclusivamente una cuestión de sangre.

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